Instituto Animal XXX

¿Crees que es un instituto típico..? Cuán equivocado estás... [Foro basado en el manga Sex Pistols]
 
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 Las aguas qué... {Priv.Kyle}

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Shuichi.Shindou
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MensajeTema: Las aguas qué... {Priv.Kyle}   Miér 07 Ene 2009, 5:37 pm

Deberían ser las ocho de la tarde y hacía más de un cuarto de hora que se encontraba arrodillado a los pies de una de esas bañeras comunales. Con los brazos apoyados en el mármol y la vista clavada en su propio reflejo, repasó mentalmente y de manera cautelosa los pasos para llenar una bañera; Poner un tapón para impedir que el líquido se escapase. Seleccionar la temperatura. Esperar a que se llenase lo suficiente, cerrar el paso del agua y... Poner las sales. Si era así de simple... ¿¡Por que entonces el agua le salía de un color turbio!?.

- Tsk... - Enervó el cuerpo con la ayuda de las manos sin despegar su enfurruñada mirada del agua culpándole a ella del color en el que se veía tintada, seguramente a causa de las viejas tuberías. Su cuerpo ya había sido previamente despojado del ropaje y ahora únicamente una desgastada toalla de color gris le cubría la cintura, por lo que estaba expuesto a la temperatura ambiente; Ligeramente más fría a lo deseado. Inhaló profundamente en una desesperada búsqueda de paz interna. Últimamente, todo salía tan turbio cómo el agua que ahora, desde la bañera, parecía burlarse de él. - ¡Bah! - Dio la espalda a esa bañera que en un principio había su método de auto-relajación y procedió a rebuscar entre su revoltijo de ropa dejada de cualquier manera sobre el suelo la camisa con la que había entrado.

Resoplando, enfundó su puño derecho en una de las mangas de la arrugada camisa, haciendo que la tela se colocase correctamente en su brazo tendido, imitó el gesto con el otro y pronto tapió todo rastrojo de su pectoral acomodando tan sólo los botones centrales para que la tela únicamente se viese unida por la parte central.

El eco de unos pasos aproximándose le hizo salir de su discusión interna. ¿Un profesor?. Revisó la ropa y agarró lo fundamental, pasando de los calzoncillos y quitándose la toalla que envolvía su cintura procedió a enfundarse los pantalones, poniendo especial atención en que la cremallera no le pillase nada indebido. El picaporte estaba roto y adelantándose a los pensamientos de algún alumno, había dejado colgada la corbata a modo de advertencia y esta no parecía haber sido eficaz, pues, el chirrido de la puerta le hizo volverse hacia la misma. - ¿Es que no has visto la...? - Dejó de formular la pregunta al apreciar entre el molesto vaho que reinaba en la zona de quién se trataba realmente.

Seguramente el otro no sabía cuanto había anhelado ése encuentro. Pero las circunstancias en el encuentro eran.. Vergonzosas.
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Spencer.
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MensajeTema: Re: Las aguas qué... {Priv.Kyle}   Jue 08 Ene 2009, 1:55 am

Aquella mañana había resultado ser relativamente tranquila; las clases entretenidas o al menos, bastante soportables y sin tareas extras, y las mangas de su camisa negra, enrolladas hasta la altura de sus codos, demostraban que aquella ausencia de tareas le había dejado una buena pieza de la tarde para terminar algunos de los dibujos que tenía pendientes para la semana próxima.

Con un pequeño bolso de nylon negro colgado al hombro derecho, cerró tras de sí la puerta de la habitación 307 y su mente se abstrajo, algo ya habitual en él, en ciertos planos de su último proyecto: el atardecer de la playa ubicada detrás de la Academia. Sus pasos sigilosos no emitían sonido alguno más que el tenue susurro de las suelas de cuero de sus zapatos acariciando la cerámica que revestía la gran mayoría de los pisos de aquel edificio; estos recorrían con la clásica destreza de la rutina su ya marcado camino.
Spencer supo que había llegado a los baños cuando sus pasos produjeron un áspero sonido anexo al rosar el tapiz de cemento por el que caminaba; acomodó el bolso de mejor forma sobre su hombro y llevó una mano a las azabaches hebras brillantes que caían rebeldes sobre sus hombros; las atusó con cierto fastidio, sintiéndolas ásperas del salitre de la playa a su tacto perfeccionista y, cabía aclarar, un tanto obsesivo.

Su sensible olfato captó cierta esencia conocida al adentrarse por los pasillos; quizá por instinto o diversión se dejó guiar, desviándose de su camino habitual a las duchas, más prácticas y carentes de agua que las molestosas tinas. Dada su naturaleza felina, sumergirse en el agua hasta la altura de su nariz no era algo que disfrutara en demasía.
Fue imposible reprimir que cierto mohín de disgusto jalara sus labios hacia una esquina cuando se detuvo frente a la puerta que daba al escaso par de bañeras que ofrecía la Academia a sus estudiantes y profesores. Lo compensó el hecho de percibir más intensamente la conocida esencia del conejito blanco detrás del algarrobo de la puerta; el corbatín de intenso violeta que colgaba del picaporte falseado confirmó una duda que a aquellas alturas no existía.

Shui-chi. Su mente repasó mentalmente aquel nombre que él mismo pausaba a la mitad al llamarle, creando su propia forma de pronunciarlo. Envolvió en sus dedos el picaporte y empujó con suavidad, tomando cuenta del denso vapor que escapaba en indecisas volutas por el espacio de la puerta al abrirse.
Conteniendo una sonrisa, sus ágiles ojos localizaron sin dificultad la procedencia de la indignada voz que se había desvanecido en medio de su queja al, quizá, reconocer quién sería el receptor. Con un divertido ademán ladeó su morena cabeza y cerró la puerta tras de sí, recostándose contra la madera entibiada por el cálido vapor.

-Naturalmente que la he visto –replicó, en un tono de voz ciertamente orgulloso- Gozo de una vista excelente…-efectuó una pausa en su comentario, totalmente deliberada, y sus ojos recorrieron apreciativamente la figura esbelta y semidesnuda que se difuminaba levemente entre el vaho de la habitación perfumada de un tenue aroma floral- …Y francamente, los colores de tu guardarropas resultan imposibles de ignorar, Shuichi.
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Shuichi.Shindou
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MensajeTema: Re: Las aguas qué... {Priv.Kyle}   Jue 08 Ene 2009, 6:48 pm

No daba crédito a lo que su mirada amatista vislumbraba, aquella perfecta figura que se escondía entre los ratazos de vaho aún prominentes en el baño estaba allí plantada, cuando fue consciente de que era él y no otro el que había irrumpido su pacifico baño sintió las mejillas arder. Sus siempre pálidas mejillas se tintaron lentamente de un curioso y tenue carmín difícil que se pudo confundir con el calor corporal propio que queda después de un baño. Él. Él. ¿Por qué tenía que ser precisamente Él quién se tomase la libertad de entrar en lo que él consideraba un lugar intimo con tales aires de prepotencia?. Aspiró, con fuerza. ¿Dónde se había metido el aire?. El vaho que empañaba el ambiente no le facilitaba la tarea de mantenerse frío, no. Quemaba los pulmones. Oh, respuesta directa por parte del felino. - ¿Entonces? ¡No debiste entrar! – Irremediablemente, juntó sus cerrados puños a la altura de su medio desnudo torso en un mero intento por intensificar mediante los gestos sus propias palabras.

Volvió a aplacarse el labio inferior bajo un superficial mordisco cuando el moreno se apoyó sobre la puerta. ¿Hasta dónde pensaba llevar aquello?. Sus manos, ahora trémulas fueron hacia dónde su camisa se mantenía apenas cerrada por alguno de los botones centrales e intentó que alguno más se cerrase, obviamente, sin éxito: Nervios. Los tenía a flor de piel. Y aquella intensa y olivácea mirada pendiente de sus gestos no ayudaba en absoluto a mantener la cordura.

Sólo había tenido un encuentro con él. No había razón para mostrarse tan alterado, no se conocían, no había ningún vínculo... No había nada. Pero aún y así, su corazón bombeaba a una velocidad de espanto, obligándole incluso a que sus labios permaneciesen entreabiertos para permitirse el respirar desde ésta. El silencio reinaba y su vergüenza no aminoraba. – No digas tonterías… - Arrugó los labios al hablar, cómo si las palabras del moreno hubiesen sido un mero regaño, algo por lo que sentirse, si más no, ofendido.

Oh, no. ¡Eso si que...! ¡No!. Uno de sus puños aún crispados se alzó lentamente y fue su brazo el siguiente en realizar una acción; Lentamente, se cubrió aquella mirada que hasta ahora habían mostrado estupor con el mismo y tomó aire con aún más violencia. - ... ¡Yo que te había extrañado! ¡Te odio! – Habló en gritos, indignado, molesto. Por rabia, por decepción. Y así se quedó, mal plantado cerca de sus arrugadas ropas de baño con un brazo cubriéndole gran parte de la cara y temblando de arriba abajo.

¿Cómo? ¿Porqué?. Lo más probable fuese que ni él mismo entendiese aquellas reacciones. Le recordaba, siempre, a cada instante. Aquellos ojos tan intensos, esa liviana sonrisa. Debía ser él y no otro.
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Spencer.
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MensajeTema: Re: Las aguas qué... {Priv.Kyle}   Vie 16 Ene 2009, 6:09 am

Su semblante no se vio alterado por mohín alguno, ni hubo la más mínima vacilación en la firmeza de su mirada; tan sólo un leve movimiento en sus cejas, arqueándose hacia arriba, denotaron siquiera por unos segundos el estupor con el que las quejas de Shuichi le habían asaltado.
¿Extrañar? Aquellas palabras habían producido cierta vaga y extraña sensación en el pecho del moreno, endureciendo su respiración por unos instantes. Cuadró los hombros con cierta brusquedad, en un exitoso intento de restarle importancia al sentimiento apenas gestado.
Sus brazos cayeron exangües a ambos lados de su torso esbelto por algunos instantes, hasta que sus manos pasaron al interior de los bolsillos de sus pantalones de tela oscura; de un gris tan poco subido que sin problemas pasaría por negro.
Nuevamente sus pasos sonaron, seguros y acompasados en el ritmo de su caminar, sobre el piso de burdo material. Con suma sutileza se acercó hasta Shuichi, sin emitir palabra alguna.

Naturalmente, no tomó en serio aquellas quejas; algo estaba fastidiando al muchacho, y utilizar su mejor tono ‘bromista’ frente a una situación que el menor consideraba de suma importancia, no había sido un buen paso dado por Kyle; precisamente había sido como dar un paso en falso.
Soltó un suspiro al estar completamente cerca de Shuichi; el aire salió de entre sus labios en una pesada voluta de vapor y mientras echaba miradas de reojo a la figurita temblorosa en frente suyo, captó en una mirada la causa del problema. Evitó soltar sus repentinamente fruncidos labios y luchó contra la sonrisa que pugnaba por curvarlos. Más de uno debería entender entonces, con esta clase de desagradables experiencias con las tinas, los innumerables puntos a favor que tenían las duchas. – ¿Así que esto es lo que te tiene huraño, pequeño? –pronunció con una sonrisa; acto seguido, se inclinó lentamente sobre el inmenso recipiente de cerámica, sintiendo con desagrado el pegajoso vapor impregnarse con más ahínco a sus ropas ya húmedas, y cerró la llave de agua.

-Debes abrir también la llave de agua fría –explicó con el tono más dulce de su voz, más de una vez empleado con Shuichi. Introduciendo, aún con exagerada prudencia, su mano dentro del agua turbia para quitar el tapón, fue inevitable que el puño de su camisa, y las finas puntas de sus cabellos negros, se mojaran. Soltó un leve siseo, de un matiz que vergonzosamente revelaba su naturaleza felina y observó con un mohín la mancha oscura del agua que marcaba hasta la mitad de su antebrazo.
Bueno, pensaba cambiarse la camisa de todas formas; y bajo ningún punto de vista se pondría de nuevo esa ropa hasta que no estuviera libre de agua y humedad. Terminó los preparativos de la bañera y desabrochó con rapidez las mangas de la camisa, retirándola por su cabeza con un ágil movimiento; sus cabellos cayeron violentamente, alborotados por la acción sobre su espalda ya desnuda, de cara a Shuichi. Arrojó despreocupadamente la pieza de tela sobre la silla cercana, en la que las ropas de Shuichi y su propio bolso ahora también reposaban.

Al menos en apariencia, el muchacho de cabellos rosados no se había apartado un minuto de su empecinada y afligida posición. Al darse la vuelta, y sin pensarlo siquiera, los brazos de Kyle le envolvieron con suavidad y era imposible para él negar lo mucho que comenzó a disfrutar de esa cercanía. Sus labios se acomodaron sobre el oído del menor y su voz cantarina susurró- ¿Listo para tu baño, conejito?
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Shuichi.Shindou
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MensajeTema: Re: Las aguas qué... {Priv.Kyle}   Sáb 17 Ene 2009, 8:22 pm

No movió ni un ápice la postura tomada a la hora de estallar en el más infantil de los llantos y aunque su figura se tensó cuando escuchó los pasos ajenos aproximarse a él, se volvió a relajar cuando corroboró que los mismos no habían sido hacia su cuerpo, si no que, contradictoriamente habían ido hasta la bañera.

No lo hizo. No bajó el brazo, no aún, por lo que su semblante siguió cubierto con el mismo desde sus ojos hasta la parte intermedia de la nariz. No se atrevía a mirarle siquiera. Sabía que en esa escuela todos estaban, de algún modo corrompidos por dentro. Eran preciosas manzanas con el gusano de la lujuria corrompiéndoles. Pero no. Él no. Spencer, Kyle... Era diferente y se había jactado de ello mediante aquel cuadro que le había visto pintar: Puro. Era alguien distinto. No era digno merecedor siquiera de compartir su aire. Sus dedos se tensaron con firmeza, se crisparon suavemente y ante aquello su brazo endureció los delgados músculos que poseía. Él también. Él era cómo los de la escuela y por culpa de eso, había terminado siendo violado.

Hasta que no escuchó su melodiosa voz dirigirse a su persona no se atrevió a dejar que su enrojecida y encharcada mirada quedase expuesta a los otros orbes. Aún y para su suerte le estaba dando la espalda, permitiéndole un lapsus más de tiempo para enjuagarse las lágrimas con rapidez. Emitió un sonido bajo, quedo, suave. Una protesta no muy convincente que se le escapó de sus humedecidos labios tan buen punto su mirada amatista se encontró con la escena. Esa escena. Un mar negro inundando una playa nívea y con las formas proporcionadas. Aparentemente suaves, deduciblemente fuertes. Se quedó anonadado con esa visión y aunque el sujeto en cuestión se había encarado a su figura, seguía con los labios entreabiertos y una expresión sorprendida. – Ah... – Fue consciente de aquello no mucho después y con un certero movimiento de cabeza, ladeó la misma hacia un costado, evadiendo así cualquier encuentro con los luceros verdes que comenzaban a causar serios estragos en su sistema nervioso. – Ya... ¡Ya lo sabía! – Mintió en un tono altamente exasperado y alto, más alto de lo que realmente hubiese necesitado hablar.

Unos brazos, los del moreno. Un cuerpo, el suyo. Se sintió enajenado por un momento. Era la misma sensación que cuando de pequeño completaba con la última ficha su rompecabezas, ése que durante semanas había estado haciendo. Sí, era lo mismo. Esos brazos parecían hechos para estar en su cintura, igual que los puzzles. Piezas independientes que al unirse encajaban a la perfección. Encogió débilmente los hombros en reacción al acercamiento del rostro de Spencer y liberó un extraño suspiro cuando le habló al oído. Sus latidos incrementaron y su rubor comenzó a adueñarse de lo que antes eran unas mejillas perfiladas en tonalidades blancas. – No si... Yo... – Volvió a tomar y esta vez se envenenó con el aroma de su acompañante, esta vez, el aire fue expulsado por la boca mientras guiaba torpe y trémulamente sus brazos hacia delante, haciéndose con esa cintura, más ancha que la propia pero igual de delgada. Él simplemente había obedecido al impetuoso mandato de su cerebro.

Sonrió débilmente, cómo si en verdad quisiese espantar todos los temores que parecían congregarse en él. Todo nerviosismo, todo. – Ky-Kyle... – Las palmas de sus manos tocaron con cuidado esa piel de los costados del cuerpo contrario y fue él quién se estremeció al hacerlo, no se había imaginado que tendría aquel tacto; Terciopelo. – Me gustas. – Tan buen punto dijo aquello su rosada mirada se clavó en la del más alto. No sabía si era su personalidad salvaje. Su aspecto desaliñado. Su buen arte. Su voz, siempre alegre. ¡Había hablado sólo una vez con él! ¿Pero cuantas veces se había mantenido en la playa a una considerable distancia para sencillamente observar cómo pintaba?. ¿Cuántas otra había ido hasta la puerta de su cuarto y había retrocedido?. Su cuerpo volvió a sumirse en pequeños pero perceptibles temblores en lo que sus brazos parecían perder la fuerza antes utilizada. - ...Mucho.- Añadió aún con ése hilo de voz que se perdía en la última sílaba.
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Spencer.
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MensajeTema: Re: Las aguas qué... {Priv.Kyle}   Mar 20 Ene 2009, 8:51 pm

Apenas le era posible, como si del roce de plumas se tratase, sentir el delicado y húmedo tacto de los dedos del menor sobre su piel desnuda; tanteando trémulamente, como si intentara encontrar la mejor manera de llegar a su cuerpo sin quemarse al acariciar su piel.
Cuando finalmente reparó por completo en las pequeñas manos, estas ya se habían afirmado, con cierta temblorosa confianza, a ambos costados de su cintura. Kyle escuchó con aire ausente la suave voz del menor al susurrar su nombre, mas él se hallaba repentinamente concentrado en aquella nueva sensación que provocaba la cercanía de aquella delicada figura contra su cuerpo, la suavidad y el calor que se suscitaban en el débil contacto que ahora compartían.

Se sintió tentado a cerrar sus ojos, tan sólo un par de segundos para poder fundirse en aquella cálida sensación, hasta que su mirada encontró los violáceos orbes clavados en él.
-Me gustas.-sus ojos rasgaron su apertura natural en sorpresa ante las palabras susurradas, y la respiración se contuvo, cautiva y repentinamente estrangulada dentro de sus pulmones el tiempo que duró la pausa en la confesión de Shuichi-…mucho.
Habría pagado de ser necesario por conseguir la capacidad de describir la conmoción que le inundó con innecesaria rapidez. Los índigos ojos seguían prendados de los suyos y le tomó un parpadeo eliminar el rictus que colmaba su rostro. Recién entonces pudo sentir los ligeros temblores que asaltaban el delgado cuerpo entre sus brazos; su primer instinto fue rodearle más estrechamente con uno de sus brazos, y así lo hizo. El cuerpo de Shuchi se apegó más contra el suyo, y su rostro se recostó apenas sobre su pecho. Con su mano libre recorrió, en ligero tacto de sus dedos la espalda del menor, hacia arriba, acariciando la sedosa piel algo húmeda, con roces apenas perceptibles.

¿Cuál era su respuesta ante aquello? ¿Había acaso una? Ante todo, debía reconocer que su único punto fuerte de expresión era la pintura. No había forma alguna en la que pudiera abrirse al hablar. Era un hombre de muy, muy pocas palabras. Y naturalmente, en estos campos ese débil defecto se acrecentaba más de ser posible.
Debía de haber otra forma.
Su mano pasó de largo por el frágil cuello del menor, alojándose finalmente sobre su rostro, la palma contra su cálida mejilla. Alzó el redondeado mentón con un leve empujón de sus dedos y su rostro se inclinó contra Shuichi. Su mirada se mantuvo firme, inexpresiva en todo su glauco color, sin vacilar un momento siquiera cuando sus labios tocaron los del otro, apoderándose de ellos en un cálido beso.
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Shuichi.Shindou
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MensajeTema: Re: Las aguas qué... {Priv.Kyle}   Jue 22 Ene 2009, 7:01 pm

No. No. ¡No!. Aquello no estaba bien.. No podía estar bien. El tacto de esas yemas sobre su piel humedecida le hizo volver a temblar bruscamente, cómo si su cuerpo fuese un receptor de las corrientes eléctricas enviadas por aquellos delgados dedos que trajinaban sobre su espalda, la misma que estaba meramente protegida por una fina capa de tela. Se lo repitió: Aquello no estaba bien... ¿Verdad?. Esos dedos eran suaves, no había indicios de la violencia a la que tal vez estaba ya acostumbrado. Siempre era igual. Solía enamorarse de los menos indicados, de los que únicamente buscaban un resquicio de su nívea piel para amoratar, para llenar de golpes o sencillamente se trataba de personas que tras una noche se marchaban y no volvían a marcar su número. Era comprensible. Él era el juguete que se dejaba manipular. Se dejaba, por que no había opción. Se dejaba por no estar solo.

Pero esta vez era distinto. ¿Cómo explicar la sensación?. Más calida, si de eso se trataba.. Dejó de lado sus preguntas, temores. ¿Qué importaba el pasado?. Si Kyle se trataba de uno más... No se rendiría, no con él no. El golpeteo de la respiración del moreno sobre su rostro le hizo despertar de su aletargado estado y con una lentitud que le pareció abrumadora incluso a él, notó cómo una de las manos contrarias le sujetaban por el mentón y le realzaban su de por si, su ya tintada cara. Cerró lentamente los párpados, ocultando así su mirada amatista de aquella olivácea mirada que siquiera se había dignado a cambiar la expresión tras su confesión. <<Uno más...>>. Su mente intentaba persuadirle, pero no lo lograría. Él no era "Uno más". Se preparó para lo que sabía que vendría. Para lo que realmente él deseaba que viniese. Y no se tardó en producir, aunque realmente la sensación fue distinta a las otras. Ahogó un suspiro dentro de aquel primer contacto que a duras se comenzaba a realizar. Su cabeza por inercia se ladeó hacia su hombro izquierdo para así exponer más su boca y pareció funcionar, ahora encajaban. Cómo lo habían hecho antes sus manos. Su rosado cepillaba sus pómulos con una gracia innata, algo que le hizo sentir un ligero cosquilleo en la zona.

Tanto que le había costado envolver a su cintura... Y ahora se veía obligado a soltarla... Sus brazos terminaron por ceder a lo que su mente ordenaba y a regañadientes abandonaron la calidez de la cintura adyacente. Ahora estaba libre en cuanto a manos se refería así que elaboró un serpenteante camino que embarcaba desde los costados de su cintura hasta las axilas, allí cambió de parecer y sus manos se entrometieron entre el torso contrario y se alzaron lo necesario para rozar con la mismísima punta de los dedos su mentón. Inspeccionó el mismo con deliberada lentitud y hasta que sus manos no se postraron en las formas de sus pómulos no reaccionó al beso. Su cuerpo se realzó, cargando ahora su peso entero sobre la punta de sus pies y trató de acercarse más a esa sedosa comisura, al menos con aquello había logrado ganar altura.

No esperó a que Spencer diera el primer paso. Sus labios atraparon con cuidado en labio inferior ajeno y lo humedeció con cierta timidez, no pasó la lengua, si no que succionó, lo presionó con sus dientes {Sin llegar a apretar} y enterró dentro de su húmeda cavidad. Al soltarlo emitió un débil sonido necesitado, pero ya no podía haber más con aquel labio. Ya estaba totalmente embadurnado de su saliva, preparado para un futuro roce, uno tal vez más intenso.
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Spencer.
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MensajeTema: Re: Las aguas qué... {Priv.Kyle}   Mar 27 Ene 2009, 8:24 am

Sus sentidos se hallaban completamente confinados en aquel beso, en la calidez de aquellos sedosos labios contra los suyos. Poco a poco su abrazo fue flaqueando en fuerza, la palma extendida de su mano deslizándose por la húmida tela de la camisa del menor, tanteando la curvada espalda, y nuevamente alojándose en aquella estrecha cintura.
Ambas respiraciones se unían entre superficiales suspiros, cálidas y anhelantes; uno bebiendo del hálito del otro. Spencer contuvo un bocado de aire para sí, sujeto y deseoso, mientras los sutiles labios de rosa le apresaban con lentitud, los blancos y pequeños dientes apenas rosándole en enloquecedor contacto.

El aire por fin se liberó, confundiéndose su repentino jadeo con el sutil sonido que brotó de la garganta de Shuichi. Fue él quien ahora enterró, con mayor fuerza, sus dientes en su piel, repasando sus propios labios con la lengua, saboreando la líquida esencia a la que había tenido acceso. Su mano abandonó la tersa piel de su mentón, internándose entre los sedosos cabellos, curvando con ansia sus dedos hasta enredarlos entre la fina cabellera. Un breve atisbo de las brillantes amatistas fue lo último que obtuvo antes de arrebatar un nuevo beso al menor.

Entre confundidos roces, su mano se deslizó taimadamente hacia arriba, introduciéndose por debajo de la fina camisa hasta palpar el vientre del otro. Sus labios danzaban con dulzura sobre los ajenos hasta ese momento, acariciándolos con total dedicación; mas los leves retazos de inocencia que habían tejido en el beso anterior comenzaron a disgregarse, perdiéndose entre las volutas de vapor, cuando su brazo alzó la tela, haciéndole ganar la requerida altura al alzarle contra sí y abrazar por fin aquella desnuda cintura, la sedosa piel de Shuichi contra la de él. Cada caricia de los labios de Spencer ganaba más intensidad que el anterior; con taimada lentitud, su lengua intrusa delineó el contorno de los labios del menor, deteniéndose en la pequeña abertura entre los dos rosáceos pétalos.

- ¿Shuichi? –el leve cambio en su voz comenzaba a hacerse presente, tilde enronquecido que envolvió el nombre del menor al pronunciarlo en interrumpidos segundos; en una pregunta que tal vez deseara más de una respuesta. Entre leves empujoncitos con su lengua logro entreabrirlos, introduciéndose en la pequeña cavidad, buscando con secreto afán a su compañera.
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MensajeTema: Re: Las aguas qué... {Priv.Kyle}   Vie 30 Ene 2009, 12:13 am

Avrio la puerta del baño y fue al urinal para mear - que es ese olor... alguien se cago y no tiro la cadena - se subio el cierre y se puso a olfatear todas partes hasta que vio a los que estaban crusandose - ahhhhhhhhhhhhh... puedo entrar? -
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MensajeTema: Re: Las aguas qué... {Priv.Kyle}   Vie 30 Ene 2009, 10:51 pm

Estaba demasiado ensimismado en el modo de besar de Spencer cómo para reparar en algo más que no fuera la experiencia que estaba viviendo. Su comisura se movía al compás que marcaba la del moreno, eso si, de manera algo más tardía, puesto que aprendía de sus roces y aplicaba los recién obtenidos conocimientos con soberana calma. Él no era más que una sombra del otro cuerpo: Imitaba.
Quería ofrecerle las sensaciones que en él se estaban congregando y por ello se veía en la necesidad de repetir los gestos del otro, no había otro modo de hacerle saber que aquello estaba arrastrándole hacía un terreno de ámbitos más extensos, en los que un beso, no era más que el casto inicio.

La caricia de los dígitos de su acompañante sobre directamente la piel a medio descubrir de la planitud estomacal le produjo una serie de contracciones en el mismo, meros espasmos que lograron calmarse una vez acostumbrado al roce. Sus brazos abandonaron por un milésimo instante el firme cuello del pelilargo y así pudo, con robóticos y torpes movimientos, quedar sin la camisa: Aquello sería una suave lucha de piel contra piel.

Nuevamente y no perdiendo el hilo de la posición anterior volvió a anudar los brazos en el cuello ajeno, esta vez envolviéndolo de tal manera que el largo y oscuro cabello de la figura más alta se pegó a su nuca por la efímera fuerza de su agarre. Se notó por un breve lápsus de tiempo a su merced y fue precisamente cuando los brazos del otro tocaron su ahora piel desnuda para retraerle contra su perfecta figura. Sus iris pronto se vieron ocultos tras la fina película que confortaban sus parpados y así se rindió a lo que tal vez no tenía retorno. Y se cuestionaba sinceramente si deseaba que hubiese alguno.

Para bien o para mal, su cuerpo estaba reaccionando los gestos contrarios de mejor manera de lo que su mente era capaz de asimilar. Siquiera se permitió el dudar. Abrió los labios cuando un húmedo órgano dio con su ya preparada comisura. Lo estaba esperando. Supuso que no haría falta responder a aquel gutural tono de voz que le había hecho incluso temblar por lo cual, no cortó el beso para hacerlo. Por el contrario y más confiado en si mismo se aventuró en nuevos roces, ya no seguía lo estipulado, ahora se guiaba por los instintos.

Su lengua rozó primeramente la punta de la que le invadía y su dulzura le embriagó. Era perfecto. Ansioso de más, sus labios se abrieron hasta marcar lo obsceno e inició movimientos más firmes sobre la ofrecida; La voz de mando ahora era suya. Por instinto, reacción o simplemente por estar dejándose llevar por las feromonas frotó su desnuda figura contra la del mayor en un movimiento tan firme cómo sutil, su torso quedó prácticamente adherido a su piel, preparándose para otro de esos movimientos.

Un sonido en la lejanía le desconcertó. ¿Alguien más?. De todos modos... De todos modos no rompió nada de que había entre ambos. Nada.
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MensajeTema: Re: Las aguas qué... {Priv.Kyle}   Vie 13 Feb 2009, 12:33 am

Dejó que aquellos suaves labios de rosa tomaran el control de aquel contacto, cuya intensidad y pasión comenzaban a ganar terreno con cada segundo que pasaba, roce a roce transformándose en aturdido y afanoso deseo.
Con taimada paciencia, en lucha interna con su obnubilada mente, dio un lento y pequeño paso hacia adelante; sus labios se volvieron dóciles y complacientes bajo los del menor, atendiendo a cada movimiento que ellos hicieran, buscando el complemento en cada muda petición de aquella esbelta figura ávida apegándose contra la suya. Spencer experimentó con anhelante satisfacción tener a aquel cuerpo cada vez más cerca del suyo, aquellos tibios dedos aferrados ansiosamente a su nuca, anclándole hacia su cuerpo y a aquel beso, empujándole cada vez más cerca hasta el borde, aquel peligroso límite que prolongaría desconocidamente aquel hechizante momento que compartían.

Otro paso hacia adelante, inseguro y lento, como si sus pies tantearan el terreno, temiendo que este se desplomara bajo ellos y ambos cayeran al abismo. Luego otro, y otro. Su brazo se ajustó en torno de aquella grácil silueta, aferrándola contra sí, sintiendo cada centímetro de su piel amoldarse a la perfección al suyo, como dos figuras creadas dentro del mismo molde. Gustosamente, su mano se tramaba entre aquellos sedosos cabellos rosáceos, recostando la pequeña cabeza contra ella al dar el paso final y apresar a Shuichi contra la pared de cemento, fría y húmeda del vapor que sofocaba hábilmente sus sentidos.
¿O era acaso aquel muchacho quien creaba ese devastador efecto en él? Aquella sensación de ahogarse en un inexistente mar, sintiendo como única fuente de oxígeno aquellos labios rosados, tiernos y generosos ante sus demandas.

Era él, quien de aquel modo lograba mantenerle cautivo dentro de aquel limbo en el que deseaba perderse totalmente.
Finalmente, y con manifiesta renuencia, sus labios dieron un sutil roce concluyente para luego apartarse con lentitud de los del menor. Su cuerpo ejerció el movimiento exactamente opuesto, presionándose contra aquella tibia piel hasta sentirla como parte de sí mismo, capturándola entre la pared y su propio cuerpo. Su ahogante abrazo se aflojó apenas un poco, lo suficiente para que su mano pudiera deslizarse por la arqueada cintura, hasta curvarse sus dedos sobre la curva de las caderas de Shuichi. Su otra mano se apoyó sobre la pared, a un lado de la cabeza de rosados cabellos, y su rostro reposó contra ella de la misma forma, su mejilla acariciando la sien del menor.

Se recreó en el profundo repiqueteo de su propio corazón, más aprisa de lo normal; en el desacompasado ritmo de su respiración. En la tibieza de aquella figura presa contra él; aquellas caderas contra las suyas, los esbeltos brazos aún enlazados en torno de su cuello. El cálido aliento acariciando su cuello.

Aún no comprendía por qué se había obligado a terminar aquel beso; por qué había obedecido a aquella órden de su cabeza cuando otra parte de sí mismo habría querido continuar explorando cada sentido y sensación del menor; cada sentimiento y reacción que él habría podido provocar en él.
Kyle apresó entre sus dientes su labio inferior, confiriéndose con aquel ínfimo dolor una soga hacia la realidad; una breve sonrisa se fraguó en sus labios, curvándolos apenas hacia arriba y sintió que sus labios no habían pronunciado palabra en siglos, aunque estaban apenas entreabiertos para conferir aire a sus necesitados pulmones. Su voz salió rasposa y susurrante de entre ellos al hablar- Esa fue mi respuesta –el tono divertido de su voz se oía amortiguado cuando su rostro se internó en la curva del cuello de Shuichi, sus labios a pocos milímetros de rosar aquella tibia piel perfumada - ¿He sido lo suficientemente claro?
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